4 maneras en las que el evangelio cambia nuestra cultura

La cultura según la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), debe ser considerada como “el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”. En pocas palabras la cultura es todo aquello que distingue a una sociedad de otra. Las costumbres, tradiciones, pensamientos y hasta la forma de vestir y de hablar son características importantes dentro de una cultura.

 
¿Cómo es la cultura al día de hoy?
Así como existen muchas sociedades, también existen muchas culturas. Es imposible generalizar la cultura y aún más sabiendo que es muy cambiante. Así como ha cambiado la sociedad, también lo ha hecho la cultura. A través de los años y de diversas maneras, la cultura de cada sociedad ha cambiado en pequeña y en gran escala. La sociedades y sus culturas ya no son las mismas que hace 100 años. La guerra, la economía, la educación, la religión y otros factores más han hecho que la cultura vaya adaptándose a la generación presente. Por ejemplo, Japón después de la segunda guerra mundial tuvo un cambio radical en su sociedad debido a que la economía del país había empeorado en gran manera por la guerra en la que se encontraban. Tras haber perdido, los japoneses se pusieron a trabajar sin descanso para recuperar al país. La economía se recuperó sin precedentes. A este arduo trabajo se le conoció después como el “milagro japonés” (1960-1980). Parte de la renovación fue separar los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del país. Es decir, hubo un cambio de sociedad y como consecuencia, de cultura. Continuaron siendo fieles a sus tradiciones, pero es evidente que Japón no volvería a ser el mismo.
 
Otro ejemplo fue la Alemania nazi en los tiempos de Hitler (1933-1945). Alemania se convirtió en un Estado fascista, es decir, Hitler gobernaba casi todos los aspectos de vida de las personas. Fue un tiempo de mucha opresión para el pueblo y aún más para los extranjeros. No podían expresarse libremente y tenían muchas limitaciones en su diario vivir. La sociedad tenía prohibido expresar su fe de una manera abierta (un ejemplo lo encontramos en el teólogo Dietrich Bonhoeffer quien fue encarcelado en ese tiempo y después ahorcado). Todo esto no terminó sino hasta la derrota de Alemania en la segunda guerra mundial pero aún así la lucha por ciertos ideales continuó hasta varios años después. Alemania ha tenido muchos cambios en su sociedad y en su cultura también.
 
Nos faltaría tiempo para hablar de cómo la cultura de México cambió con la conquista de los españoles y al día de hoy sigue cambiando con la influencia de Estados Unidos en el país. Brasil también cambió por la influencia de los portugueses. La tribu de los pieles rojas se vio grandemente afectada por la invasión de los ingleses. Estados Unidos también ha cambiado debido a que se ha convertido en uno de los países con mayor diversidad de culturas en el mundo después del cambio de ley de inmigración en 1965. 
 
Las sociedades y sus culturas ya no son las mismas. Las generaciones presentes se van adaptando a los cambios. Es imposible generalizar las culturas. Pero lo que sí podemos decir, es que en este tiempo una de las cosas que más ha afectado a la cultura no es una guerra o la economía, sino un pensamiento denominado posmodernidad. La posmodernidad tiende a pensar que “mientras tú te sientas bien, estás en lo correcto”. En pocas palabras quiere decir que a lo bueno llaman malo, y a lo malo llaman bueno. Lo que hace 100 años no se hacía, hoy se hace con orgullo. Los matrimonios gay ya son una realidad en países como Noruega, Suecia, Canada, Francia, Argentina, Dinamarca, Uruguay y la lista sigue creciendo. Ahora cada vez hay más clínicas legales de aborto en el mundo. No podemos cerrar los ojos y pretender que todo sigue igual. La cultura ya no es la misma.
 
La importancia del Evangelio dentro de la cultura.
John Piper y Justin Taylor en su libro: “La supremacía de Cristo en un mundo posmoderno”, en la contraportada podemos leer lo siguiente: “Es en medio de esta cultura donde debemos tener en claro la verdad y la cosmovisión bíblica debe estar firme en la mente y corazón de cada discípulo para presentar defensa ante cualquier tipo de persecución que pueda presentarse”.
 
Hoy más que nunca debemos de anunciar el evangelio. El evangelio no sólo corregirá las partes erróneas de cada cultura, sino que nos enseñará a vivir su propia cultura, es decir, la cultura de Jesús.
La sociedad necesita entender que sólo Jesús puede dar el cambio que buscan, y nosotros como cristianos necesitamos entender que Dios quiere que interactuemos en medio de nuestra cultura con el poder de su evangelio. Sin más preámbulo, quisiera introducir 4 maneras en las que el evangelio cambia nuestra cultura. En las primeras 2 maneras veremos cómo el evangelio cambia nuestra cultura fuera de la iglesia y en las últimas 2 maneras veremos cómo el evangelio cambia nuestra cultura desde el interior de la iglesia.
 
 
  1. El evangelio es poder de Dios para salvación (cambiando la cultura fuera de la iglesia)

 
[Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, por que es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…”].
 
Los pueblos y las grandes ciudades están acostumbrados a los cambios. Hemos visto que algunos cambios son causas de guerras, leyes que establece el gobierno, una crisis económica, diversidad de creencias en una misma localidad, entre otras cosas. Todo esto ha sido un factor importante por el cual la gente rechaza el evangelio. Están acostumbrados a los cambios drásticos que no pueden creer que una buena notica es capaz de cambiarlos en una escala mayor de lo que lo hace una guerra. Lo que ellos no saben es que antes de llegar a ser una buena noticia, primero se tuvo que librar una batalla. Una batalla en la que no sólo Alemania o Japón unieron fuerzas, sino todo el mundo se unió para luchar contra una persona. El mundo nunca en su historia ha estado tan de acuerdo como cuando decidió crucificar al hijo de Dios en un madero. No fue Pilato, ni los romanos ni los judíos solamente, fuimos todos nosotros. Debido al pecado que mora en cada uno de nosotros, Cristo tuvo que pelear solo. Hitler oprimió una nación, pero el pecado oprimía a todo el mundo. Debido a eso, el pecado ha tenido una fuerte influencia en los cambios culturales. El pecado es el responsable de la falta de ética y moral que hoy vemos en las culturas. Debido a que el pecado está fuertemente arraigado en la sociedad, la sociedad es tan inestable como el corazón de los hombres. El pecado quería gobernar sobre toda cultura e hizo su jugada final: crucificar a Jesús. Pero el enemigo no se esperaba que Él resucitara. He aquí el centro del evangelio: Jesús estuvo crucificado pero ahora vive por los siglos de los siglos. ¿Dónde está oh muerte tu victoria? Si la muerte no pudo con Él, ¿qué o quién podrá hacerle frente? El evangelio es poder de Dios para salvar a todos aquellos que creen. Ed Clowney, maestro de Timothy Keller, solía decir que el versículo central de la Biblia era [Jonás 2:9] “La salvación es del Señor”. Sólo el evangelio de Jesús tiene poder para salvar todo lo que se ha perdido. Como decía John Piper, hoy más que nunca debemos anunciar el evangelio. El evangelio es el verdadero cambio que las culturas necesitan. El evangelio es poderoso para cambiar nuestra sociedad. Pero sobre todo, el evangelio no es el medio con el cual Dios quiere salvarte de las diferencias culturales, sino el medio con el cual Dios quiere relacionarse contigo (en) la sociedad y también en la eternidad.
 
 
  1. El evangelio nos invita a ir al mundo (cambiando la cultura fuera de la iglesia)

 
[Mateo 5:16: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”]
 
Dick Staub escribió un libro titulado: “Demasiado cristiano, demasiado mundano”, y lo que él enseña es que muchas veces somos demasiado “cristianos” que no queremos involucrarnos con el mundo por que el mundo está lleno de pecado. Y otras veces somos demasiado “mundanos” que ya no hay diferencia entre nuestras creencias y las creencias de los demás. Con todo esto surge una pregunta: ¿cómo puedo tener un balance? La respuesta la encontramos en el evangelio. El centro del evangelio, como lo vimos en el punto pasado, es la crucifixión y resurrección de Jesús. Cuando nosotros hemos abrazado el evangelio, como consecuencia hemos abrazado la cruz. De hecho la Biblia dice en [Gálatas 2:20] que “Con Cristo estoy juntamente crucificado…”. Piénsalo un poco, si tenemos temor de ir al mundo, si tenemos miedo de conocer la sociedad en la que vivimos y las diferencias culturales, es muy probable que sea por que no estamos abrazando la cruz como deberíamos. El evangelio nos invita a ir al mundo a predicar las buenas nuevas, pero es necesario llevar la cruz para no olvidarnos de quién es nuestro Señor. El profesor de teología David Wells, como parte de sus ensayos en su metodología “La naturaleza y la función de la teología” escribió: “Cristo debe de ser oído y predicado en una sociedad posmoderna, multi-étnica y multi-religiosa. Por cierto, no proseguir en este esfuerzo sería un resultado triste por que la teología, si es fiel a su naturaleza, debe tener un propósito misionero”. Cuando un creyente ha sido transformado por el evangelio y ha abrazado la cruz, se convierte en un misionero en la sociedad y cultura que lo rodea. Somos heraldos del mejor mensaje jamás escuchado. Así que no tengamos miedo de ir al mundo. No tengamos temor de conocer las diferentes sociedades y culturas. Como diría Dick Satub en su libro ya mencionado: “Ve, siente, piensa, escucha la música, mira la película, lee los libros, cuenta historias, sé un verdadero amigo, ama al mundo”, pero recuerda siempre: no olvides llevar tu cruz.
 
 
  1. El evangelio nos libra de la religión (cambiando la cultura dentro de la iglesia)

 
[Juan 8:32: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”]
 
¿Qué hubiera pasado si Lutero y Juan Calvino hubiesen seguido toda su vida con aquella religión que profesaban tener? Lo más seguro es que el movimiento mundialmente conocido como “la reforma” jamás hubiese sucedido. ¿Qué pasó en sus vidas que los hizo cambiar? Conocieron la verdad. Conocieron el poder del evangelio. Conocieron, o más bien dicho experimentaron la gracia de Dios en sus vidas. Esto, a diferencia de lo que sucede con muchos cristianos hoy en día, conocemos la verdad de una manera parcial, y al conocer la verdad de una manera parcial, somos parcialmente libres. Aún tenemos un píe encadenado al régimen de cierta religión. Ser llamado “religioso” es algo bueno si se hace en base a lo que dice [Santiago 1:27] “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. El detalle es que ahora la palabra “religioso” tiene otro significado, es decir, aquel que es “legalista”. Creo que todo el que lea esto podrá identificar a un hermano o hermana dentro de su congregación que siempre dice cosas cómo: “esa música es satánica”, “esa persona está endemoniada”, “ir al cine es pecado”, entre otras cosas. Si hay actitudes así dentro de la iglesia, ¿cuánto más las hay fuera de la iglesia? No estamos siendo de ejemplo para los no creyentes. No estamos siendo luz en medio de una sociedad oscura. En lugar de extenderles la mano, los estamos hundiendo más. Estamos creando distancias religiosas entre ellos y nosotros. La llamada “religión” está afectando para mal a nuestra sociedad, por que si la iglesia es parcialmente libre, no podrá predicar con toda libertad sobre lo que en realidad es el evangelio. Charles Spurgeon escribió en su libro “Ganador de hombres” lo siguiente: “Tú solamente puedes dar vida a los demás cuando tu estás lleno de vida”. La Iglesia no puede dar vida completa cuando está medio muerta. El evangelio no puede ser las dos cosas al mismo tiempo. O está libre o no lo está. O es por pura gracia, o simple y sencillamente no es el evangelio de Cristo. Como lo hemos leído, el centro del evangelio es la cruz. La iglesia necesita volver a abrazar la cruz para dejar de oprimir a sus congregantes. La iglesia necesita volver a la cruz para poder amar a la sociedad. La iglesia necesita un encuentro con la cruz para poder ser libre de la religiosidad. La religión nos enseña que debemos hacer algo, pero en el evangelio Jesús nos dice desde la cruz que Él ya lo ha hecho por nosotros. El evangelio es poder de Dios para salvarnos de la mal llamada “religión” y poder amar a nuestra cultura.
 
 
  1. El evangelio nos ayuda a ser auténticos (cambiando la cultura dentro de la iglesia)

 
[Romanos 12:9: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno”]
 
Los héroes siempre han existido. Todos tenemos alguien a quien admiramos. Un padre o una madre. Un actor o una actriz. Un superhéroe de DC cómics. Y ahora dentro del ámbito cristiano también es muy común tener teólogos, predicadores y maestros favoritos. Yo tengo los míos. No es malo querer imitar a aquel a quien admiramos (ojalá sacarán una versión de Batman cristiano), el problema es que muchas veces perdemos nuestra autenticidad, nuestra personalidad. Intentamos tener la máscara de un cristiano hecho y derecho para poder ser aprobados por los demás. Esto es algo grave para el cristiano por que estamos descuidando la personalidad que Dios nos ha dado. Calvino escribió que “somos capaces de engañar a los demás pero también a nosotros mismos”. Sabiendo esto, ¿Cómo afecta nuestra autenticidad a la cultura? Según Pablo en [Romanos 12:9], podemos fingir el amor. Si no somos auténticos, el amor que mostremos a la sociedad tampoco lo será. En Génesis se nos cuenta la historia de cómo Jacob le robó la primogenitura a su hermano mayor Esaú (en otras palabras, Jacob quería ser el hermano mayor) y por temor a él, Jacob huyó lejos. Durante su peregrinaje, Jacob se dio cuenta de que su hermano iba hacia su encuentro y tuvo temor. Esa misma noche Dios tuvo un encuentro con Jacob. La historia dice que desde la noche hasta el amanecer estuvieron peleando hasta que Dios le cambió la vida. El era Jacob (estafador, usurpador) y Dios lo convirtió en Israel (el que reina con Dios). Después de esto, Israel se reúne con su hermano Esaú y los problemas se resolvieron. Este es un ejemplo donde Dios nos enseña que antes de solucionar los problemas que nos rodean, Él primero quiere arreglar nuestro problema interior. Quiere que dejemos de ser usurpadores y dejemos de robar otras identidades y aprendamos a ser personas reinadas sólo por Dios. Ningún héroe de la fe, dentro o fuera de la Biblia, ningún gran reformador, ni maestro ni predicador, han logrado lo que han logrado siendo personas falsas. Todos y cada uno de ellos tenían su propia personalidad, con errores, pero eran auténticos. Ellos entendieron lo que significa el evangelio. Entendieron que si Cristo no fingió amor por nosotros en la cruz, nosotros tampoco deberíamos de fingir. No ocultes tu personalidad. No seas usurpador como Jacob. Nunca podrás amar de verdad a tu cultura si no eres una persona autentica. Sé tú mismo pero deja que Dios te vaya moldeando. Sólo siendo autentico sabrás si a tus vecinos también les gusta hacer lo mismo que a ti. Si a tus compañeros de trabajo les gustan las mismas películas que tú ves. O si a tus amigos de la escuela les gusta coleccionar las mismas cosas que a ti te gustan. Deja que la sociedad vea tu amor sin fingimiento. Sé tu mismo, pero recuerda siempre la otra parte del versículo: también debes de “aborrecer lo malo”.
 
El evangelio lo afecta todo. 
Estas son sólo 4 maneras en las que el evangelio cambia nuestra cultura fuera y dentro de la iglesia. Pero como diría Timothy Keller en su libro “Iglesia centrada”: “el evangelio lo afecta todo”. El evangelio afecta desde las desiciones más pequeñas del día a día, hasta las más importantes de tu vida. Se involucra en el amor y en las relaciones, en las razas y culturas, en las casas y en las iglesias, en las grandes ciudades y en los pequeños pueblos también.
 
Hoy más que nunca las distintas sociedades y culturas necesitan saber que el evangelio es poder de Dios para salvar a todos aquellos que creen. Hoy más que nunca debemos agarrar nuestra cruz, clavar nuestros miedos y prejuicios e ir a predicar al mundo. Hoy muchas iglesias necesitan volver al evangelio y ser libres de la llamada “religiosidad” para poder amar a la sociedad. Hoy, tanto las iglesias como las culturas, necesitan cristianos auténticos. Cristianos que no fingen su amor y se entregan por completo a los demás.

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